LA CIENCIA NO SE GUARDA: DIVULGACIÓN Y ACCESO ABIERTO
Comenzaré señalando que no es divulgación científica: no se trata de diluir o “bajar el nivel” del conocimiento científico para que lo entienda un público no especializado. Como indica de Regules (2024) divulgar es transmutar la ciencia para volverla elocuente; es una forma de narrarla para que capte la atención y despierte el interés del lector. Por ello, no puede escribirse como un artículo científico, porque no está dirigida a un público especializado, si no a lectores voluntarios, no expertos, que se acercan por gusto o curiosidad.
Comunicar el conocimiento científico es crucial. Cuando se hace entre pares, permite el avance del conocimiento dentro de la comunidad académica. Pero cuando se dirige al , público general, cumple un rol social igualmente vital: empodera a las personas para tomar decisiones mejor informadas en su vida cotidiana, fomenta el pensamiento crítico y contribuye a una sociedad más consciente y participativa.
En este contexto, las revistas de divulgación científica -como Nuestra Tierra- desempeñan un papel fundamental como puente entre la academia y la sociedad. A través de ellas,
docentes, estudiantes, profesionales de otros campos, periodistas y cualquier ciudadano interesado pueden acceder a contenidos científicos sin necesidad de formación técnica.
Una divulgación bien realizada contribuye al incremento del conocimiento general, combate la desinformación, y promueve una cultura de innovación, investigación y resolución de problemas (Morales Salas, 2021).
No obstante, hacer divulgación científica es más complejo de lo que parece. Narrar la ciencia con elocuencia requiere que el divulgador domine tanto la comunicación de la ciencia como las habilidades comunicativas. Escribir con claridad y estilo, estructurar bien las ideas, evitar el lenguaje técnico innecesario y mantener el interés del lector son habilidades esenciales que no se suelen enseñaren la formación académica tradicional. Como señala de Regules (2024), los textos de divulgación no deben sonar como artículos para especialistas.
Por todo lo anterior, esta práctica representa una valiosa oportunidad para jóvenes investigadores -y para no tan jóvenes- de desarrollar habilidades de comunicación, tanto escrita como oral. Al tener que explicar conceptos complejos de forma clara, el divulgador entrena su pensamiento estructurado y mejora su capacidad de análisis. Además, las publicaciones en revistas de divulgación pueden servir como primer acercamiento al mundo académico, incluso antes de contar con artículos en revistas especializadas.
Finalmente, la divulgación científica está estrechamente vinculada con la ciencia abierta. Ambas buscan eliminar barreras de acceso, de comprensión y participación. Al hacer accesibles los conocimientos científicos mediante un lenguaje claro y medios abiertos, se avanza hacia una ciencia más democrática, inclusiva y colaborativa. En conclusión, la ciencia no se guarda: se comunica, se comparte y se abre para que cumpla su función más esencial, la de servir a la sociedad.